Epílogo

En tiempos de guerra, cualquier agujero es trinchera. Seguro que habrá gente que no sabrá el sentido de esta frase para comenzar un epílogo. Sinceramente, yo tampoco, pero como se trata de hablar sobre un libro de gente que trabaja desde la originalidad, he pensado que sería una forma original de empezar mi escrito. Aunque no tenga ni puñetera idea de a qué se refiere, y menos si le busco sentido aquí.

Puestos a ser sinceros, tengo que decir que no puedo ser objetivo. Este libro ha recogido momentos de un programa de radio humilde pero muy digno, y que posee sobrados momentos de brillantez. No puedo ser objetivo porque es una opinión muy personal, porque conozco y tengo cierto contacto, incluso amistad, con algunos de sus miembros, y porque me sale de mis «hertzios». Si algo de bueno tiene esto de escribir un epílogo es que nadie te puede quitar la razón, al menos en el momento de escribirlo. Luego ya que cada uno hable lo que quiera.

No discuto que los temas escogidos en este librito puedan no ser los más imprescindibles para cambiar el mundo ni para ser objeto de debate en La Sexta. Nadie puede discutirme, tampoco, que hay miles de programas llenos de tertulias sobre temas fundamentales, a los que les sobra el ochenta por ciento de lo expuesto.

Si ahondamos en su espíritu, quizá podamos decir del programa, y por extensión del libro, que es una falta de respeto a ciertos sectores de la sociedad o a personas determinadas. En defensa de este grupo de desalmados diré que faltas de respeto se producen a diario entre nuestros políticos, vecinos y demás familia, y lo asumimos ya como algo normal, así que si los niños y niñas que hablan aquí sacan los pies del plato sólo están haciendo lo que ven en sus mayores…

Por mi parte, me apetece alabar el espíritu ilusionado de un grupo de descerebrados que, no contentos con hacer un programa que no genera ingresos ni para comprar un CD, se entretienen encima en sacar un libro y en darle de comer a los operarios que han llevado a cabo su edición.

Destacar qué es lo que más me ha gustado del libro sería absurdo porque, simplemente, no me lo he leído. Oigo cuando puedo los podcast que cuelgan en Internet y punto. No soy tan tonto como para gastarme la pasta en esto conforme están las cosas de jodidas.

Bastante tengo con escribir el epílogo, que ya es una putada de las gordas. ¿Quién va a leer lo que hay al acabar el librito? Esto no lo va a leer ni mi padre que estoy seguro de que no lo va a comprar y, mucho menos, lo va a recibir de mi parte. Si no me gasto el dinero en comprarlo para mí, no voy a ser tan tonto en gastarlo para regalárselo a él.

Si veo absurdo algo en este mundo es el epílogo de un libro. El que se cansa del libro antes de acabarlo no se entretiene en mirar esto. Si ha conseguido, que lo dudo, leérselo enterito, terminará tan agotado de leer chorradas que dudo que le queden ganas de rematar la faena con otro despropósito más.

Pues creo que con esto está dicho todo. Enhorabuena, chavales, por haber conseguido permanecer en las ondas el tiempo que lleváis, que no tengo ni idea del que es. En caso de pensar en repetir el error editando nuevas temporadas, ya os aviso que el epílogo del próximo libro lo va a escribir mi padre, que está jubilado y tiene mucho tiempo libre.

Santi Rodríguez